«Ser hermano marista vale la pena y da sentido a mi vida».

c.martin  15Vie Mar, 2013 



Me llamo Román, tengo 37 años y desde los veinte soy hermano marista, aunque mi vida en el mundo marista comenzó unos cuantos años antes.

Conocí a los hermanos, siendo yo muy niño,cuando iban a visitar a mi familia, y se quedaban un rato, algunas veces compartíamos la mesa, y yo percibía en ellos algo especial: su atención, su disponibilidad, cercanía, su manera de estar… e hizo que yo me dijera ¡yo quiero ser como ellos! ¡yo quiero ser hermano marista!

A los diez años me fui a estudiar al Colegio Champagnat de León, luego a Tui, y después a Coruña y mi deseo de ser hermano marista seguía ahí, ahora con mayor conocimiento, con más vida compartida con otros jóvenes como yo y, sobre todo, con los hermanos, y decidí seguir adelante en la vida marista.

Después, años de formación y primeros pasos como hermano marista y hoy, cuando me preguntan por mi vocación para esta web, quiero señalar a través de tres frases las referencias más importantes en las que se apoya mi vocación y que dan sentido a mi vida.

«Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Jesús quiere que tengamos vida, que seamos felices, y a esto quiero entregar mi vida, a dar vida a los demás, a los que están a mi lado, a los niños y jóvenes y, sobre todo, a los que más lo necesitan.

«Haced lo que El os diga» (Jn 2, 5). María, la Buena Madre, me invita a mirar a Jésus, como lo hizo ella, a poner mi vida y mi confianza en Dios, como lo hizo Él. Es una frase que está muy presente en mí, y que tiene mucha fuerza en los momentos difíciles. María me habla de disponibilidad, de servicio, de una manera de ser, de estar y de constuir el hogar de Nazaret.

«Para educar a los niños, hay que amarlos», Marcelino Champagnat. Es una frase sencilla pero a la vez profunda, que lleva implícita una manera de mirar a los niños y jóvenes, que yo experimenté siendo niño junto a los hermanos, y que hoy me invita a ser presencia entre los niños y jóvenes en tiempos gratuitos y en sus tiempos de ocio, una presencia cercana, sencilla, generadora de lo que viene siendo un ambiente familiar.

Y para terminar, señalar la importancia que tiene para mí la vida de comunidad, la vida con otros hermanos con los que comparto mi vida y misión, mis sueños e ilusiones, mis días claros y mis días grises. Juntos tratamos de hacer realidad el sueño de Champagnat.

Me siento muy agradecido por mi vida, por mi vocación y por todas las personas que me han ayudado a llegar hasta aquí y a sentir hoy que ser hermano marista vale la pena y da sentido a mi vida.

Román Álvarez