Hoy, ante la realidad del mundo hacen falta respuestas. El corazón de Champagnat nos lleva a un Dios cercano, un Dios que cada día continúa animando nuestra vida y nos impulsa a salir al encuentro del otro, de los demás.
En este sentido, estamos llamados a ser y suscitar empatía, a despertar aspiraciones profundas, encender ilusiones. Algo que atraiga, que encandile y hasta apasione, porque evoque un mundo donde la libertad y la felicidad signifiquen el quehacer de cada día. Estamos llamados a ser caminos donde el apasionamiento por Cristo y los demás lleve a dejar cosas secundarias para optar por las fundamentales.