Testimonio de José

Me sentí pequeño y grande a la vez.

27 Jun, 2018

Testimonios
a.prieto

Hola, soy José del Valle, profesor del colegio Marista San Fernando de Sevilla. Este curso he participado en una experiencia de tres semanas repartidas por trimestre. Me refiero al curso de identidad y profundización marista. Prefiero llamarle experiencia a curso porque se ha tratado de eso, de una maravillosa experiencia.
Por empezar de alguna forma, he de decirles que ha ido de bien a fabuloso. Esto no significa que la primera y segunda semana hayan sido peor que la tercera, sino que cada una ha tenido su intención. La primera la llamo de contacto. Salir de casa, dejar a la familia para estar con un grupo de personas que no conocemos es complicado. Vamos con reticencias y pensando si esto va a ser más de lo mismo. Cuando conoces a los organizadores, Andrés y Ángel, la cosa va cambiando. Te vas sintiendo como en casa. Sus atenciones, su dedicación y preocupación porque nos sintamos bien sobrepasa lo que haya conocido en otros cursos. El segundo paso y también importantísimo, es el grupo con el que vamos a convivir. En este caso tengo que decir que ha sido espectacular, congeniamos desde el minuto cero. Fuimos soltando nuestros recelos y poquito más y montamos un tablao flamenco. Los ponentes también influyen, y la verdad es que abordamos cosas que no había escuchado nunca.
Partiendo de esta semana, ya estábamos deseando que llegara la segunda, el ambiente estaba creado. Disfrutábamos de cada momento, las sonrisas y las risas volaban. Ángel y Andrés nos acompañaban en estos momentos de diversión y trabajo. Teníamos que tener mucho cuidado con los gestos y movimientos porque Ángel lo captaba todo con su cámara. El lugar acompañaba, las Avellanas. Lo que nos preguntábamos es que ambas semanas, los lugares elegidos estaban un poco alejados de ciudades importantes, no sé por qué.
Tercera semana. El Hermitage. Solo nombrarlo me ponía nervioso. No lo conocía, los compañeros del colegio habían ido dos veces y en ambas tuve problemas familiares, así que no pude asistir. Cuando me dijeron que la última semana era en El Hermitage, me alegré muchísimo. Por fin iba a conocer nuestros orígenes. 32 años escuchando hablar y hablando de los lugares maristas, explicándoles a los niños cómo y dónde empezó todo y yo sin conocerlo. Por fin iba a tener la oportunidad de poder hablar con conocimiento de causa. Estaba nervioso, de verdad. Impaciente porque llegara esa semana. La tranquilidad de que me iba a encontrar de nuevo con los compañeros, con mis amigos, hacía que solamente pensara en cómo iba a ser mi reacción al estar allí, en su casa, en casa de Marcelino y de los hermanos.
Y fue maravilloso. Ver, escuchar, sentir, oler, vivir el comienzo fue escalofriante. Me sentí pequeño y grande a la vez. Ahora sí, en esa semana entendí, sentí, viví lo que en 32 años he procurado que los niños entendieran, sintieran y vivieran.
Y el remate final, la guinda del pastel, la persona encargada de aflorar todos esos sentimientos, El Hermano Benito Arbués. Para esto no tengo palabras, solo agradecerle su tiempo, su forma de transmitir una experiencia de vida. Benito hablaba y te trasladaba a aquellos primeros momentos, te hacía sentir lo que Marcelino y los hermanos sintieron. Conocer esos lugares con él es como el amigo que te invita a su casa y recorres con él todos los rincones de su vida. Así he vivido esta semana, comer donde comieron, dormir donde durmieron, rezar donde rezaron, trabajar donde trabajaron.
Para terminar, comentaros algo que me llamó mucho la atención. Siempre he considerado a Marcelino como padre de los hermanos y nuestro, sin embargo, cual no sería su entrega en esos pueblecitos y aldeas que los habitantes lo consideran suyo, Marcelino forma parte de sus vidas, la de sus padres y de sus abuelos, y se lo agradecen teniéndolo cerca de ellos, en sus iglesias, allí donde pueden sentarse a su lado y mostrarles el cariño que él les dejó.
Quiero agradecer a la institución Marista por haberme elegido para vivir esta maravillosa experiencia. En mí hay un antes y un después de mi paso por el Hermitage. Invito a todos los que nos consideramos maristas que en algún momento de vuestras vidas paséis por allí, es nuestra casa, así te lo hacen sentir. Gracias también a los hermanos de la comunidad por su hospitalidad y su cercanía. Por abrirnos no solo la puerta de la casa sino también la de sus corazones.
Y gracias Ángel y Andrés por ser como sois, por entregarnos parte de vuestra vida y por hacernos sentir una familia allí donde estuviésemos.
Al grupo quiero deciros que habéis formado parte de mi vida, alegrándola, me habéis engrandecido como persona, así que en mí tenéis a un amigo.
Hasta pronto.
 

José del Valle Romero. Colegio San Fernando. Sevilla. Prov. Mediterránea.



Autor foto: 
Ángel Prieto Hernández
Pie de foto: 
Participantes de la Provincia Mediterránea en la acción formativa de Identidad y profundización marista III.