Testimonio de Javier

Crónica desde el Monasterio

24 Jun, 2016

Testimonios
a.prieto

Dicen que no hay dos sin tres, y bendito tres. Tres semanas que he tenido la oportunidad de disfrutar para formarme y crecer; tres semanas para conocer gente nueva y que, con el paso del tiempo, dejaron de ser “gente” para ser amigos.
En esta tercera semana fuimos acogidos por los muros del monasterio de Les Avellanes y por la comunidad marista que en él vive y lo cuida. Llegué desde una Valencia seca y soleada para ser recibido por el cielo plomizo, la lluvia y el verde recién estrenado de la primavera renacida. La lluvia se fue llevando el cansancio, las preocupaciones, el ajetreo del trabajo… Los muros del monasterio me abrigaron con calor de hogar y entre ellos recibí el calor del abrazo amigo, de los besos de la espera anhelada. Llegué y no era mi casa, pero no dejó de ser mi hogar. La terapia del canto de los pájaros que acompañaban toda la jornada desde la alabanza del amanecer hasta la oración de la caída del día se fue llevando los ruidos, los malos ruidos de la no-vida. También salió el sol y disfrutamos de su luz y calor, pudiendo gozar de los alrededores que, en primavera, nos hablan más que nunca de la grandeza del Creador.
La semana de la amistad y el reencuentro, de la mesa compartida. Celebramos la vida, nuestra vida, y el paso de Dios a través de ella. El número mágico de 38 se quedó grabado en la memoria del corazón de todo el grupo. Cómo no también estuvo entre nosotros Lucía; lejos en la distancia, pero en el mismo latido del corazón.
Estos días no fueron un retiro espiritual, ni unos ejercicios ignacianos, no. Era una semana formativa y dedicamos tiempo, cabeza y ganas a la tarea. Agradezco la disponibilidad, el compartir, el saber y el buen hacer de cada uno de los ponentes que nos acompañaron en las diferentes sesiones de trabajo. Aprendí a mirar la realidad con realismo, pero una mirada no exenta de ilusión y esperanza. Me di cuenta que hay un gran equipo humano capaz de llevar adelante la misión de Marcelino en los colegios de estos tiempos cambiantes, de contrastes y retadores. Somos un gran equipo de cabeza y corazón, somos una gran familia llevando adelante una misión que no es nuestra. De pie y con todas las ganas y fuerzas del mundo, poniendo en juego todas nuestras capacidades, pero de rodillas ante el Maestro sabiendo que sólo su Espíritu nos alienta y es capaz de llegar donde nosotros sentimos que ya no podemos.
Quiero tener un agradecimiento especial a las personas que han hecho posible esta experiencia formativa. En primer lugar a mi colegio, a mis compañeros y compañeras que se han cargado el peso de mi horario para que yo pueda formarme y disfrutar de estas semanas. También mi gratitud de todo corazón para con Ángel y el H. Andreu. Es impagable su exquisito trato, cuidado, atenciones y detalles. Han hecho fácil una convivencia de tres semanas y que en cada una de las casas nos sintiéramos como en la propia.
También mi agradecimiento personal por la posibilidad de formarme para poder servir mejor en mi colegio. Es un lujo contar con tiempo para ello. Después de cada semana he vuelto con cosas nuevas en la mochila y con cosas que estaban perdidas o apartadas en un rincón y que de nuevo han sido recuperadas, quizás con mayor hondura.
Y cómo no sentir un agradecimiento especial para la comunidad marista que nos ha acogido allí donde se comparte el pan, hermanos y compañeros. Gracias a la Provincia de l’Hermitage por haber puesto a nuestra disposición la sabiduría de sus gentes y los recios muros del monasterio para abrigar una experiencia sumamente enriquecedora, tanto a nivel personal como profesional. ¡GRACIAS!

Francisco Javier Artuch Aguirre. Colegio Sagrado Corazón. Valencia. Prov. Mediterránea. 



Autor foto: 
Ángel Prieto Hernández
Pie de foto: 
Participantes de la Provincia Mediterránea en la acción formativa para Responsables de la Pastoral colegial.