Entrevista hermano Hipólito

"Toda misión desempeñada tiene sus encantos y dificultades, como la vida misma", Hipólito Pérez, ex Provincial de América Central.

30 Abr, 2014

Testimonios
LCIBERICA

Apenas finalizado el noviciado y realizada la profesión, este palentino, natural de Dueñas, se embarcaba el 10 de junio de 1984 con otros 19 hermanos más rumbo a las Américas, concretamente hacia Guatemala. Este país conforma junto a El Salvador, Nicaragua, Honduras, Puerto Rico y Cuba el sexteto de países que dan forma a la Provincia marista de Centroamérica.
Después de animar durante 6 años la labor de 98 hermanos y 900 laicos en misión compartida, se encuentra ahora en Xaudaró, Madrid, aprovechando la oportunidad de «formación y renovación» que se le ha ofrecido desde el Instituto. Con la actitud de quien sabe atender con paciente escucha no ha dudado en compartir con nosotros su testimonio.

¿Cómo se gestó la idea de irse tan lejos de la patria?
La verdad es que la opción se ha ido consolidando poco a poco. Con 18 años cuando viajé hacia Guatemala para continuar la siguiente etapa de formación, fue un primer paso, animada por el idealismo de la juventud y deseos de descubrir otra realidad.
Los cuatro primeros años vividos en Guatemala realizando la etapa del Escolasticado, con énfasis en la formación teológica y académica, la misión y la profundización en la opción vocacional me permitieron descubrir la realidad de estos pueblos y de la provincia marista a la que había sido enviado, de una manera más realista y con la posibilidad de retomar la primera opción y confirmarla con mayor convicción.

¿Qué es lo que más impacta cuando uno llega allí?
Tengo bien presentes dos imágenes: Una fue el mismo día de mi llegada, después de bajarme del avión y camino a casa pasamos por el “puente del incienso” y desde allí, a la velocidad del coche, me impactaron las colinas llenas de tugurios, reflejo de la miseria de las zonas marginales de Guatemala. Fue para mí un golpe a los ojos y al corazón.
La otra imagen que guardo fue mi primer viaje a la zona indígena de Chichicastenango donde pude contemplar la realidad marginada del pueblo y la represión que vivían en ese momento por el ejército con fuertes controles; a la vez que descubrir la riqueza de sus paisajes, los colores de sus trajes, su religiosidad, sus arduos trabajos cotidianos por salir adelante.

De las tareas o responsabilidades que has tenido que afrontar en tu vida de hermano marista, ¿cuál ha sido la más difícil de llevar a cabo?
Como la vida misma, toda misión desempeñada tiene sus encantos y sus dificultades. Las dos últimas misiones que he desempeñado como formador y animación provincial han sido un don y una gracia para mi vida. El encuentro con el misterio de la vida humana en profundidad siempre es delicado, a la vez que transforma la propia vida y no te deja indiferente… Además no siempre es fácil practicar “la misericordia, el gesto y la palabra oportuna frente al hermano…”

Alumnos maristas en Nicaragua
Alumnos(as) maristas del Instituto Padre Andrés Weller en Condega, Nicaragua.

A la hora de hacer balance como Provincial de América Central, ¿cuáles son los logros de los que te sientes más satisfecho?
Creo que no soy la persona más indicada para hablar de logros en el servicio desempeñado, tendrían que ser los otros quien hablasen de este aspecto…
Interiormente me siento en paz por la experiencia de estos años, reconociendo los pasos dados y también siendo consciente de los límites y procesos inconclusos.
Me siento satisfecho, ya lo expresé en el Informe que presenté a los Hermanos en el Capítulo, por la actitud de entrega a la vida de hermanos y laicos, también por el acompañamiento al caminar de las comunidades. En estas áreas es donde invertí mis mayores energías y la mayor parte del tiempo.
Considero también importante destacar el proceso de revitalización-reorganización de comunidades y misiones en la Provincia, un proceso que continúa todavía con los ajustes y aprendizajes que el caminar y la vida nos va enseñando.
Estos meses en los que voy tomando distancia me están ayudando a hacer síntesis en mi vida por toda la riqueza de estos años.

¿Qué datos podrían ayudarnos a contextualizar mejor la Provincia marista de América Central?
Es una Provincia pequeña en extensión geográfica, unos 500.000 kms cuadrados, también en número de hermanos, somos 98 con una media de edad de 58,9 años, unos 900 laicos en misión compartida en las obras educativas y sociales. Animamos una misión evangelizadora y educativa de unos 17.000 jóvenes en nuestros centros y unos 14.000 beneficiados de nuestras obras sociales en los seis países que conforman la Provincia.

Población indígena de Guatemala en procesión católica.
Población indígena quiché en una procesión católica, saliendo de la iglesia de Santo Tomás de Chichicastenango, Guatemala.

Seis países para una Provincia... ¡eso tiene pinta de ser complejo!
La complejidad viene dada por la diversidad cultural, política, económica, social que existe entre los 6 países, integrar estas diversidades y caminar juntos no siempre es fácil, pero en la Provincia ya venimos así desde los orígenes y estamos acostumbrados a vivirlo de este modo.
Hay que señalar también que las injusticias, desigualdades y la pobreza son lacras que siguen estando muy presentes. A esto hay que añadir que desde las últimas décadas estamos viviendo el látigo de la violencia, el narcotráfico y la corrupción política en todos los niveles.

¿Algún problema de especial envergadura que te haya quitado el sueño?
Gracias a Dios siempre he dormido bien con las preocupaciones e inquietudes normales de cada día.

¿Cuál es tu particular “sueño” para el Instituto?
Considero que en este momento de cambios profundos, búsquedas y oportunidades que estamos viviendo en el Instituto es importante vivir el presente – que es lo único que tenemos en nuestras manos – con confianza, esperanza, alegría y audacia.
Tener la seguridad de que estamos en las manos de Dios y de nuestra Buena Madre, y que nosotros – como hermanos – y otros(as), que se sumen a esta aventura, seremos testigos y protagonistas de algo nuevo que se está gestando, que es don del Espíritu y que va a generar “vida y vida en abundancia” para el presente y futuro de la vida y misión marista en la Iglesia y el mundo, en un nuevo modo de ser marista.

¿Con qué objetivo te encuentras actualmente en Xaudaró, Madrid?
Al concluir mi servicio de animación provincial se me ofreció la oportunidad de hacer un alto en mi vida. Considero que esta opción es importante para mí como espacio de renovación y formación; también para desconectarme por un tiempo de la realidad y caminar provincial.
Estoy cursando las clases del II Semestre en el Instituto Superior de Pastoral, clases que continuaré hasta diciembre, así podré también cursar el I Semestre. Además de estos espacios de formación apoyo un día a la semana el Curso de Formadores, en El Escorial.

Para terminar, ¿quieres compartir con nosotros algún lema vital que te inspira a vivir la vocación?
Desde que realicé, hace ya varios años los Ejercicios Espirituales, recibí la invitación a vivir cotidianamente la misericordia y la compasión en mí, en los otros y en el Otro. Dos actitudes que contemplamos constantemente en Jesús por medio de los relatos evangélicos, y que personalmente iluminan, animan y orientan mi caminar, con sus idas y retrocesos… 



Autor foto: 
Chema Martín.
Pie de foto: 
Hermano Hipólito Pérez, en Xaudaró.