Testimonio del hermano Fernando Suárez Gómez

c.martin  6Lun Mayo, 2013 



Soy antiguo alumno del colegio marista Santa María, de Toledo y del Cristo Rey, de La Coruña.

Mi vocación surgió en contacto con los hermanos: las clases, los recreos, el trato sencillo y familiar, el rosario a primera hora de la tarde, las tardes de los jueves en las que salíamos de paseo o a jugar un partido de fútbol...

Y la Acción Católica: compromiso personal, vida cristiana en grupo animada por un hermano, inquietud por transmitir los valores del Reino... hasta llegar a ser «monitor», donde podía experimentar eso de que «hay más alegría en dar que en recibir».

Si en la familia hay un caldo de cultivo propicio -y lo había- eso tenía que fructificar en una vocación marista.

Y mi vida, a lo largo de estos años, ha venido marcada por la impronta de la niñez y juventud:

- Me encanta dar clase como medio de educar a los alumnos; me entusiasma la labor de tutor, que ahora ejerzo con los alumnos de 2.º de BAC del Colegio Cristo Rey, de La Coruña. Colaboro en diversos equipos colegiales donde intento aportar ilusión y experiencia...

- Y me apasiona la animación pastoral: en la Acción Católica, en los scouts, ahora en MarCha. Desde el acompañamiento de grupos, vivencias de Pascuas juveniles, campamentos de verano o el camino de Santiago...

¿Acaso no son estas dos líneas aquello que decía el Fundador de «buenos cristianos y honrados ciudadanos»?

De tal manera que una de las ideas fuerza de mi vida viene reflejada en lo que se considera el centro de la misión de Marcelino: «dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar».

Considero mi vocación como un regalo, algo totalmente inmerecido, que me ha dado una «Madre buena» y unos «compañeros maravillosos». Tal vez de ahí surja mi preferencia por la oración-soneto de Lope de Vega que comienza con estas palabras: «¿qué tengo yo que mi amistad procuras?»

Fernando Suárez